El 25 de Mayo es una de nuestras fechas patrias más sentidas y dignas de festejo; pero al mismo tiempo debe dar lugar a un momento de profunda reflexión sobre la realidad que nos toca vivir, para afrontar mancomunadamente los desafíos que se presentan a nuestro joven país -que a pocos pasos de haber iniciado el nuevo siglo y a menos de cumplir su bicentenario- debe replantearse si realmente la Revolución de Mayo está concluida.En aquel soleado o nublado, lluvioso o diáfano día de mayo los fundadores, especialmente aquellos que representaban el ala más decidida del movimiento revolucionario (Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, etc.) iniciaron no sólo un movimiento independentista con proyección continental sino que además sentaron las bases fundacionales de una nueva nación, grabando a fuego con sus ideas visionarias, palabras encendidas y acciones comprometidas, el modelo de un país libre, justo, equitativo, ilustrado y soberano, poniendo el acento en la educación, el trabajo, la honestidad pública y la igualdad de oportunidades. Un país que aún no se ha terminado de concretar y cuya fórmula para su construcción quedó plasmada en estas inmortales palabras de Mariano Moreno, cuando fuera secretario de Guerra y Gobierno de la Primera Junta: “ ... Es necesario destruir los abusos de la Administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye el trabajo, si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos”. Principios ineludibles que como redobles de tambor sacudieron a todo el territorio de las Provincias Unidad del Río de la Plata y de América, encendiendo y extendiendo junto a la prédica y acción de Belgrano y posteriormente San Martín el fuego revolucionario de mayo a todos los confines del continente; fuego a cuya luz y calor se concretó la independencia de América y el nacimiento de las naciones del Sur.Es precisamente, en un nuevo aniversario de esta gloriosa gesta, el momento preciso para reflexionar y discernir si se han cumplido todos los preceptos de la Revolución de Mayo, si realmente hemos concretado la tarea que comenzaron aquellos hombres visionarios y si hemos dado forma al país que soñaron. Debemos definir si luego de 197 años de existencia hemos enarbolado en forma firme y segura las banderas de igualdad, equidad, justicia social, compromiso y patriotismo que aquellos conciudadanos de 1810 defendieron con su palabra, su acción y su propia vida. Nosotros, el pueblo de la Nación Argentina, los herederos de Mayo, los continuadores de aquella llama que iluminó a toda esta parte de Sudamérica, debemos preguntarnos si hemos sido dignos depositarios de los principios y preceptos que dieron nacimiento a nuestra querida patria. Y si somos capaces de concluir la tarea de nuestros padres fundadores, si es que la creemos inconclusa. Sin duda, somos muchos argentinos los que calladamente renovamos día a día nuestro compromiso de construir un país mejor. Estoy seguro de que la llama de Mayo sigue encendida en los corazones de cientos de jóvenes y no tan jóvenes, y que quizás sólo esté faltando que nuestra palabra sincera y nuestro ejemplo cotidiano despierten el espíritu de la Revolución de Mayo en aquellos corazones adormecidos, resignados y apagados en los que debemos volver a sembrar la esperanza de que el “sol del 25 viene asomando”.Por Juan Marcelo Calabria (Artículo publicado en Diario Los Andes el 25/05/2007)
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