En palabras del propio San Martín:

“Al reasumir en mí el mando supremo bajo el título de Protector del Perú, mi pensamiento ha sido dejar puestas las bases sobre que deben edificar los que sean llamados al sublime destino de hacer felices a los pueblos. Me he encargado de toda la autoridad, para responder de ella a toda la nación entera; he declarado con franqueza mis designios, para que se juzgue de ellos según los resultados, y de los campos de batalla donde he buscado la gloria de destruir la opresión, unido a mis compañeros de armas, he venido a ponerme al frente de una administración difícil y de vasta responsabilidad. En el fondo de mi conciencia están escritos los motivos de la resolución que adopté el 4 de agosto, y el estatuto que voy a jurar en este día los explica y sanciona a un mismo tiempo. Yo habría podido encarecer la liberalidad de mis principios en el Estatuto Provisorio, haciendo magníficas declaraciones sobre los derechos del pueblo, y aumentando la lista de los funcionarios públicos para dar un aparato de mayor popularidad a las formas actuales. Pero convencido de que la sobreabundancia de máximas laudables, no es al principio el mejor medio para establecer, me he limitado a las ideas prácticas que pueden y deben realizarse. Mientras existan enemigos en el país, y hasta que el pueblo forme las primeras nociones del gobierno de sí mismo, yo administraré el poder directivo del Estado, cuyas atribuciones sin ser las mismas, son análogas a las del Poder Legislativo y Ejecutivo. Pero me abstendré de mezclarme jamás en el solemne ejercicio de las funciones judiciarias, porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo; y nada importa que se ostenten máximas filantrópicas, cuando el que hace la ley o el que la ejecuta, es también el que la aplica. Antes de exigir de los pueblos el juramento de obediencia, yo voy a hacer a la faz de todos el de observar y cumplir el Estatuto que doy por garante de mis intenciones..." (José de San Martín, Lima, Perú. 08/10/1821)

miércoles, 25 de junio de 2008

No Sufras Patria Mía


No llores Patria mía; sabremos salir adelante.
Entiendo tu dolor y comprendo tu pregunta constante:

¿Por qué sufren mis hijos?, ¿Por qué esta pena tan grande?

No... no...; no te aflijas, trataré de contestarte.
Hemos perdido el rumbo, ya no luchamos como antes.


En el pesado andamiaje del tiempo parecen haber quedado olvidados
el valor, el esfuerzo y la tenacidad de nuestros padres.
Aquellos que fundaron una Nación próspera, hidalga y pujante.


Los mismos que con lanzas, boleadoras, mulas y en pelotas
cruzaron el macizo del Ande y dieron libertad a otros pueblos;
Y se enorgullecieron de ver tu insignia erguida y flameante.

... Y así proclamaste la libertad, igualdad y progreso para todos tus habitantes.
...¿Por qué hemos tirado tanta gloria a la basura
...que nos llevó tantas veces a defraudarte?
... Culpamos a los políticos, a los economistas, a los de afuera, a los de adentro...
a los de aquí... a los de allá... a los de cualquier parte.

Y siempre la culpa es de los otros...
Basta Argentina!!!!!, no permitas tanta angustia,
Tanta crueldad, tanto robo, tanta hambre!!!!

Tú, la que dio la libertad a medio continente,
la que deslumbró a las Naciones; la que engendró mentes brillantes.

Ponte de pie Patria mía, tus hijos comienzan a despertarse;
de este cobarde letargo, de décadas de ignominia, fiesta y despilfarre.
No es hora ya de lamentarse, saca el lastre de tus espaldas.

Exige la honestidad, el trabajo y la confianza que sembraron aquellos primeros inmigrantes.
Clama con el fervor con que gritaste en Mayo;
lucha y defiéndete como te enseñó el gran Capitán de Los Andes.
No permitas que te humillen, a ti, a la del Destino Grande.

Avanza Argentina... no llores mi Patria.
Levanta tu cabeza, toma a tus hijos de la mano
y CAMINA HACIA ADELANTE!!!!!
Por Juan Marcelo Calabria – Diciembre de 2001.-

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