En palabras del propio San Martín:

“Al reasumir en mí el mando supremo bajo el título de Protector del Perú, mi pensamiento ha sido dejar puestas las bases sobre que deben edificar los que sean llamados al sublime destino de hacer felices a los pueblos. Me he encargado de toda la autoridad, para responder de ella a toda la nación entera; he declarado con franqueza mis designios, para que se juzgue de ellos según los resultados, y de los campos de batalla donde he buscado la gloria de destruir la opresión, unido a mis compañeros de armas, he venido a ponerme al frente de una administración difícil y de vasta responsabilidad. En el fondo de mi conciencia están escritos los motivos de la resolución que adopté el 4 de agosto, y el estatuto que voy a jurar en este día los explica y sanciona a un mismo tiempo. Yo habría podido encarecer la liberalidad de mis principios en el Estatuto Provisorio, haciendo magníficas declaraciones sobre los derechos del pueblo, y aumentando la lista de los funcionarios públicos para dar un aparato de mayor popularidad a las formas actuales. Pero convencido de que la sobreabundancia de máximas laudables, no es al principio el mejor medio para establecer, me he limitado a las ideas prácticas que pueden y deben realizarse. Mientras existan enemigos en el país, y hasta que el pueblo forme las primeras nociones del gobierno de sí mismo, yo administraré el poder directivo del Estado, cuyas atribuciones sin ser las mismas, son análogas a las del Poder Legislativo y Ejecutivo. Pero me abstendré de mezclarme jamás en el solemne ejercicio de las funciones judiciarias, porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo; y nada importa que se ostenten máximas filantrópicas, cuando el que hace la ley o el que la ejecuta, es también el que la aplica. Antes de exigir de los pueblos el juramento de obediencia, yo voy a hacer a la faz de todos el de observar y cumplir el Estatuto que doy por garante de mis intenciones..." (José de San Martín, Lima, Perú. 08/10/1821)

domingo, 12 de julio de 2009

La Amistad en Tiempos de Revolución: Belgrano y San Martín

Es muy difícil determinar cuando comenzó, o cual fue el primer contacto que tuvieron los dos más grandes hombres que ha dado nuestro país. Sin embargo si podemos asegurar que desde la llegada al Río de la Plata del, entonces, teniente coronel José Francisco de San Martín, Manuel Belgrano se interesó por conocerlo.
Así el 25 de septiembre de 1813 Belgrano le escribía: “¡Ay! Mi amigo … Y ¿qué concepto se ha formado usted de mí? Por casualidad o, mejor diré, porque Dios ha querido, me hallo de general, sin saber en qué esfera estoy. No ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme, y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación”. Es muy posible que la comunicación comenzara mucho antes de esta fecha, sabido es que San Martín venía aconsejando al General Belgrano sobre las distintas técnicas de guerra y la eficacia de unas armas sobre otras, en especial sobre la conveniencia de la formación de un cuerpo de lanceros en el Ejército de su mando. En medio de estas instrucciones se producirán las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, que motivarán esta nueva comunicación del hombre de mayo hacia el jefe de los granaderos a caballo: “ No siempre puede uno lo que quiere, ni con las mejores medidas se alcanza lo que se desea: he sido completamente batido en las pampas de Ayohuma cuando más creía conseguir la victoria; pero hay constancia y fortaleza para sobrellevar los contrastes y nada me arredrará para servir; aunque sea en la clase de soldado, para la libertad e independencia de la patria … lo pedí a usted desde Tucumán, no quisieron enviármelo; algún día sentirán esta negativa …”
Finalmente las ansias de Manuel se cumplirían y así celebraba en sendas cartas del 17 y 25 de diciembre de 1813, respectivamente la cercanía de su, ya para entonces, “entrañable amigo”, escribiendo: “No sé decir a usted lo bastante cuánto me alegro de la disposición del gobierno para que venga de jefe … Vuele usted, si es posible; la patria necesita de que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de los graves cuidados que me agitan … Crea usted que no tendré satisfacción mayor que el día que logre tener la satisfacción de estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos patriotas como usted …” Y más adelante en la nueva comunicación Belgrano sentenciaba: “… Porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvará la patria y podrá el ejército tomar diferente aspecto: soy solo; esto es hablar con claridad y confianza: no tengo ni he tenido quien me ayude y he andado los países en que he hecho la guerra como un descubridor, pero no acompañado de hombres que tengan iguales sentimientos a los míos, de sacrificarse antes que sucumbir a la tiranía … porque la América aún no estaba en disposición de recibir los grandes bienes de la libertad e independencia; en fin mi amigo, espero en usted un compañero que me ilumine, que me ayude y quien conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la patria y sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que vivían … En fin mi amigo, hablaría más con usted si el tiempo me lo permitiera; empéñese usted en volar, si le es posible, con el auxilio, y en venir a ser no sólo mi amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere; persuádase que le hablo con mi corazón, como lo comprobaré con la experiencia constante que haga de la voluntad con que se dice suyo … Manuel Belgrano”.
De esta manera finalmente llegaría San Martín al norte y luego del inmortal y famoso abrazo que se dieron ambos amigos en la Posta de los Algarrobos – no en la de Yatasto como tradicionalmente se ha afirmado - se alojaron en la estancia de las Juntas, propiedad de Manuel José Torrens y a partir de allí compartirán un corto, pero sin duda muy interesante tiempo al frente del casi desaparecido Ejército del Norte. Durante estos meses ambos líderes lograran intercambiar experiencias y conocimientos; transmitiendo, el uno, todo lo aprendido en una guerra sin recursos y una revolución altisonante, pero ininterrumpida desde el grito de Mayo; el otro todo su saber y profesionalismo obtenido luego de servir más de 20 años en los ejércitos europeos; pero lo más significativo es que en estos pocos días que Belgrano y San Martín compartirán en el frente norte de la guerra por la independencia, forjarán una amistad y admiración mutua que perdurará por siempre. Lamentablemente la política porteña y las decisiones de los “hermanos” masones obligarán al General Belgrano a rendir cuentas de sus derrotas en Buenos Aires, pese al insistente pedido de San Martín al gobierno, para que permitieran al vencido general Belgrano quedarse en aquel destino. A partir de allí los caminos de uno y otro se bifurcan, pero nunca dejarán de mantener estrecha comunicación, y de manera constante se presentarán ocupados y preocupados, cada uno en su destino revolucionario, pero siempre conectados por el bien de la patria grande. Belgrano se convertirá a partir de aquel encuentro en un sincero consejero y no dudará en marcar a San Martín su opinión en aquellas decisiones que consideraba podían tener un resultado distinto al esperado, así por ejemplo ante la iniciativa de San Martín de permitir los duelos entre los oficiales, Belgrano le señaló lo inconveniente de esta medida en especial teniendo en cuenta la injerencia de los preceptos religiosos en los pueblos de su mando … De ese modo, esta y muchas otras sugerencias serán escuchas por José y ambos sostendrán de manera pública y privada la admiración que uno y otro se profesaban, la que se resume en el concepto que ambos se tenían: para Belgrano, San Martín valía por todo un ejército y muerto aún, podía, como el Cid conducir las huestes a la victoria. En tanto que San Martín, opinaba sobre Belgrano, que aún careciendo de la ciencia de un Moreau o de un Bonaparte “era lo mejor que se tenía en América”.

(En el mes aniversario del natalicio - 03 de Junio de 1770 - y del fallecimiento - 20 de Junio de 1820 - del gran hombre de mayo, vaya pues este homenaje)

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